¿Existe una cura para el SIDA?

Parecía imposible, pero ya van tres personas que, teniendo el VIH, con toda probabilidad han conseguido eliminarlo de su organismo. Los dos últimos casos se conocieron el jueves en Washington, pero sus identidades han preferido mantenerlas en el anonimato. Solo se sabe que son dos hombres, uno en la cincuentena que fue infectado en los ochenta, y otro, de unos 20 años, con el VIH desde que nació. Son casos excepcionales, pero su ejemplo es el primero de que algo que parecía imposible hasta ahora se puede conseguir: expulsar el virus de un organismo.

En los tres casos (estos dos más otro que se supo en diciembre de 2010) se trataba de personas que tenían leucemia. Y esta complicación ha sido la clave de su curación —entendida de una manera generosa, ya que en los dos últimos quedan aún controles por hacer—. El tratamiento habitual de este cáncer es una quimioterapia. Con ello se destruye la médula ósea, que es la parte del cuerpo afectada por el tumor y un reservorio (refugio) del VIH. Un escondite tan seguro que hasta ahora no hay ningún tratamiento comercializado que le obligue a salir de él. Así, con su ADN camuflado en las células que infecta, es inmune a los antivirales.

Esta doble condición de la médula como tejido canceroso y reservorio del VIH es lo que explica el éxito del tratamiento. Con la quimioterapia se destruye, y se matan dos pájaros de un tiro: la leucemia y el VIH. El tratamiento sigue con un trasplante de médula que reconstruye lo eliminado. Para la leucemia, supone la curación. En el VIH, como se genera tejido sano, se remplazan las células infectadas por otras limpias. El sueño de todo inmunólogo.

La prueba definitiva será quitar la medicación antiviral a los enfermos.

Los resultados los presentó Daniel Kuritzes en la XIX Conferencia Internacional del Sida, que concluyó ayer en Washington. Kuritzes, miembro del Comité Asesor Científico del Centro Global de Políticas del Sida y profesor en la Escuela de Medicina de Harvard, explicó que estos resultados van más allá de los conocidos en el caso de Timothy Brown, el denominado paciente de Berlín. Este siguió el procedimiento habitual, pero con una excepción: la médula que se le implantó provenía de una persona con una rara mutación en sus leucocitos que inhabilita una de las puertas de entrada del VIH, la proteína CCR5. Brown lleva ya cinco años libre del virus, y ha dejado de tomar antivirales. Se considera curado.

El avance sobre este caso es que los dos nuevos pacientes se han mantenido con análisis del VIH negativos dos años y tres años y medio después de la intervención y el trasplante fue normal. No se buscó un donante especial. Si alguna vez se planteara extender este tipo de aproximación, esto es un gran avance. Bastante complicado es encontrar un donante compatible como para encima buscarlo con una rara mutación. “Lo que hemos demostrado es que se pueden trasplantar células de un donante sano susceptibles a la infección del VIH y protegerlas de ser infectadas”, dijo Kuritzes. Pero para ello hay que mantener la terapia antiviral.

En cualquier caso, la posibilidad de que esta terapia se use en la práctica “no es factible”, afirma Pere Domingo Pedrerol, presidente del Grupo de Estudio de Sida (Gesida) de la Sociedad Española de Enfermedades Infecciosas y Microbiología Clínica. “El trasplante de médula tiene una importante mortalidad y efectos adversos”, explica, y sería absurdo someter a una persona a estos riesgos cuando la medicación actual permite controlar el virus.

Un afectado con 20 años de infección no lo duda: “Hace dos décadas me lo hubiera pensado, pero ahora, con la medicación, no me sometería a un trasplante de médula ni loco. Ya tengo el virus indetectable, y eso me permite hacer una vida normal”.

Pero eso no le quita valor al hallazgo. “Es más una prueba de concepto. Sirve para probar que la idea es buena pero necesita otra vía de aplicación”, dice Pedrerol. Él cree que una opción puede ser una terapia génica en estudio que se presentó el año pasado en el Congreso de Retrovirus y Enfermedades Oportunistas, la versión científica de las conferencias del sida— en la que se modifican los leucocitos para que fabriquen versiones defectuosas de la CCR5. Así, estropeada la cerradura, no hay forma de que el virus, que tiene la llave, entre.

Pedrerol es un clínico. Es decir, lo mira todo con los ojos de qué se puede hacer con los pacientes que tiene en este momento a su cargo. A un nivel más de laboratorio, también se valoran los trabajos presentados, aunque se esperan más resultados. Lo explica José Alcamí, jefe de la Unidad de Inmunopatología del Sida del Instituto Carlos III: “Se trata de un paso más. Lo que más me sorprende es que en la sangre de los hombres no solo no se ha encontrado virus, sino tampoco su ADN. Eso no pasa ni en los pacientes más controlados”.

El ‘paciente de Berlín’ que tenía una rara mutación, se considera ya curado.

Claro que el VIH es mucho más complicado que todo eso. No solo está en los linfocitos (de manera latente) y la sangre (cuando está activo). Tiene otros refugios. “Los investigadores van a buscarlo en el intestino y en los macrófagos, que son otras células del sistema inmune. Si no lo encuentran, le quitarán la medicación a los pacientes. Esa va a ser la prueba del nueve”, dice Alcamí.

El experto apunta a un proceso que se dio en el caso de Berlín, y que es posible que se haya dado en los dos de EE UU. Al explicar su trabajo, Kuritzes dijo que las células trasplantadas (sin VIH) habían “desplazado” a las que quedaban de antes (con el virus). Alcamí, quien confiesa que como inmunólogo siente fascinación por los trasplantes de médula, tiene una traducción científica de esto. Igual que en los trasplantes hay un rechazo del organismo hacia el injerto, hay un proceso contrario: la de injerto contra huésped (en el sentido de anfitrión). “En las leucemias esto es bueno, porque limpia el cuerpo de células cancerosas”, explica. En el VIH eso quiere decir que es posible activar el sistema inmune para que actúe contra los linfocitos infectados. Y eso tiene un nombre que es una de las panaceas del VIH: vacuna terapéutica. Un camino lleno de obstáculos por el que todo el mundo quiere transitar.

Vía: el mundo

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